Chats sexuales

19 Jul

El 90 por ciento de los participantes en un foro que sobre el tema propuso el dijo conocer este tipo de encuentros y más de la mitad narró con detalles sus experiencias íntimas. "En el último año he tenido más de cinco experiencias sexuales a través de chats con diversas mujeres", dijo, aclarando que eso no quiere decir que no quiera a su esposa."Entro al chat, me voy al link de sexo o parejas, miro quién está en línea, contacto a alguien, nos vamos a un cuarto privado, decimos lo que queremos hacer, lo hacemos y ya. La psicóloga y terapeuta de pareja Nelly Rojas dice que no es tan sencillo como suena.No siempre llegan al sexo virtual, pero ese, por lo general, es el paso último de relaciones de amistad y romance que se inician en línea.Según el estudio 'Infidelia 2007; los nuevos infieles llevan guante virtual', en España hay 2,5 millones de ciberadúlteros, es decir la mitad de los 5 millones que chatean.Y su justificación, "es igual que escudarse en el trabajo, el alcohol o las compras compulsivas para tapar las carencias de una relación", dice Rojas.El estudio español fue más allá y encontró, por ejemplo, que el 50 por ciento de quienes entran a estos chats mienten total o parcialmente en sus conversaciones, y que entrar frecuentemente a estos sitios termina por provocar una fuerte adicción. "Como uno cada vez consigue más y pierde la pena de los primeros contactos, las ganas de conectarse y ver quién está por ahí con ganas de 'algo' son inaguantables", dice.Es decir, hombres y mujeres casados o con pareja estable que entablan relaciones sentimentales y, en ocasiones, sexuales a través de sitios de conversación -conocidos como chat- que existen en Internet.

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Learning more can help you find the best form of care to begin the healing process.Agrega que la coartada es casi perfecta para el infiel pues en muchas ocasiones el contacto se consuma mientras la pareja duerme, lee o mira televisión.Exactamente lo que le pasa a la esposa de Camilo, que mientras él se entretiene con sus ciberparejas, ella 'empiyama' a sus niños, les lee un libro y ve televisión.It was just past midnight last May when Marisa Cazanave poured her heart out in an e-mail and hit “send.” “You make me unbelievably happy,” began the rambling love letter.But the Brooklyn Technical HS teacher’s confession was wracked with mixed emotions because the object of her affection was her student.